UN TIBURÓN HAMBRIENTO

Diego es un niño al que le encantan los animales marinos. Sus pasatiempos son leer y ver documentales sobre el mar y sus criaturas.

Una tarde se fue de largo leyendo sobre los tiburones blancos. Desde su celular entró a la página web de su revista favorita The National Geographic. La jornada fue tan intensa que lo venció el sueño en medio de la lectura, justo cuando el artículo explicaba que el tiburón blanco es el pez depredador más grande del planeta. Sus medidas de longitud van entre los 4,5 y 6 metros. De hecho, son tan pesados, que pueden alcanzar los 2.250 kilogramos. El tiburón blanco es una fascinante bestia de mar que tiene hasta 3000 dientes triangulares en varias hileras. Cada diente puede llegar a medir 7 centímetros de longitud. Imagina unos dientes en forma de sierra capaces de triturar un león marino. Tienen un sentido del olfato excepcional con el cual pueden detectar a sus presas a varios metros de distancia. Son depredadores tan adaptados que incluso disponen de órganos capaces de percibir minúsculos campos electromagnéticos generados por sus presas. Los tiburones blancos cazan focas, leones marinos, tortugas, pingüinos, pequeñas ballenas dentadas, además de carroña. Por supuesto, el ser humano también entra en su lista.

Leer sobre tiburones marinos es como estar frente a una película de terror. Diego despertó asustado después de semejante lectura. Soñó que buceaba en el mar y que iba nadando junto a un grupo de focas marinas y un puñado de tortugas marinas bebés. De repente fueron sorprendidos por un tiburón blanco muy hambriento. La bestia fue primero por las tortugas marinas, pero se dio cuenta que las focas eran más numerosas, así que fue por ellas. Abrió su enorme boca y las devoró.

Diego se levantó de su cama y fue a buscar a su mamá para contarle la pesadilla. Su madre lo abrazó para calmarlo. ¿Mami, por qué el tiburón blanco se comió las focas y no a las tortugas marinas? El tiburón estaba hambriento, hijo, por eso eligió la mayor cantidad de animales para llenar su estómago y saciar el hambre. Es posible que, si se hubiera comido a las tortuguitas, quedara con hambre e irremediablemente fuera detrás de las focas. Fue mejor así, ¿no lo crees? Diego asintió. Su mamá le pidió que le ayudara a preparar la cena para que olvidara el sueño, pero Diego no dejaba de imaginar la hilera de colmillos devorando a las focas.

Después de cenar, la mamá de Diego le aconsejó irse a la cama temprano, pero él quería seguir leyendo más sobre los tiburones blancos. Recordó que las orcas son los enemigos naturales de estos animales. Quién sabe si en la noche su imaginación lo sorprenda con un combate cuerpo a cuerpo entre esos dos titanes