EL DILEMA DE JUAN

Juan es un niño muy colaborador con su mamá. Ella trabaja desde casa haciendo pan para vender. La mamá tiene que entregar un pedido de 150 panes para la tienda del barrio. Mientras ella hornea panes de queso, le pide el favor a Juan que empaque en una canasta 50 panes de coco, en otra, 50 de avena y en una tercera canasta, 50 panes de maíz. Además, le dice que lo haga pronto porque el señor de la tienda no demora en pasar por su pedido.

Juan se coge la cabeza con las manos y piensa: “Hay muchas unidades de pan”. Sin embargo, se pone sus guantes y empieza a contar los panes de coco de uno en uno. Cuando iba llegando al 37 sonó el teléfono, se quitó los guantes y corrió a contestar. Al regreso, había olvidado cuántos panes tenía en la canasta. Así que tuvo que volverlos a sacar para iniciar la cuenta otra vez.

En ese momento lo sorprende la voz de su mamá desde la cocina:

— ¿Juan, terminaste de empacar el pan de coco?

—No mamá, perdí la cuenta y tuve que volver a empezar.

—Hijo, por favor, apúrate que va a pasar el señor Pérez por su pedido.

Juan retoma rápidamente, contando el pan uno por uno, pero justo en la mitad de la cuenta suena el timbre de la casa. Concentrado en su conteo, decide no ir a ver quién es. Juan, abre la puerta —dijo la mamá—, tu papá trae muchos paquetes y no puede abrir, ayúdale por favor. No le quedó remedio, Juan obedeció a su mamá, pero olvidó cuántos panes había contado.

¿Juan, ya contaste el pan? —Volvió a preguntar la mamá—. El pobre Juan se angustia y llora de rabia. Sus padres se le acercaron a preguntar por qué lloraba. Entre sollozos, Juan les dice que había olvidado la cuenta dos veces y que tiene que volver a empezar. Su madre lo abraza y le consuela diciéndole que no hay razón para llorar, porque había un método más práctico para contar rápidamente.

Papá y mamá le explican el método de contar por decenas. ¿Decenas? —Pregunta Juan con inquietud—. Sí, hijo, haz grupos de diez panes antes de meterlos en la canasta, explicó su papá. Juan puso en práctica la orientación de sus padres. Haciendo cinco grupos de 10 panes pudo contar cincuenta más rápido. Esta técnica la aplicó para contar de a diez los panes de avena y de maíz. ¡Justo a tiempo! Cuando Juan terminó de contar los panes el señor Pérez llegó por su pedido. La mamá de Juan pudo cumplir con la entrega y su papá se sentía muy orgulloso de que su hijo aprendiera una importante lección para toda la vida.